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miércoles, 25 de mayo de 2016

El plan de Trump para deportar a 11 millones de personas


Un elemento central para la campaña presidencial de Donald Trump y para su estrategia de seguridad nacional es su intención de tomar medidas drásticas para reprimir la emigración ilegal usando una “fuerza de deportación” para reubicar personas al otro lado de un muro —que sería financiado por México—, que abarcaría casi toda la extensión de la frontera sur de Estados Unidos.

Por Julia Preston , Allan Rappeport y Matt Richtel / The New York Times es
FOTO John Moore/Getty Images

Trump, ya virtual candidato republicano, ha sugerido que ahondará en esas ideas en un discurso próximo. Sin embargo, expertos en varios temas que han analizado los planes que ha presentado hasta ahora advierten que su precio podría ser astronómico —quien sea que pague— y desafiaría, de muchas maneras, la lógica de la ciencia, la ingeniería y el derecho.

Deportaciones masivas: añadiendo caos a la disfunción

Trump tiene un plan sencillo para reducir la población de 11 millones de inmigrantes que viven ilegalmente en Estados Unidos: deportarlos.

¿Cómo? Asegura que seguiría el ejemplo de las redadas de estilo militar autorizadas por el Presidente Dwight D. Eisenhower en 1954. La iniciativa, conocida como Operación Espalda Mojada, expulsó a cientos de miles de mexicanos.

Trump sostiene que comenzar las deportaciones mostraría a los inmigrantes que está hablando en serio y muchos se animarían a irse por su propio pie; también aseveró que terminar todo el trabajo llevaría unos dos años. Ahí se acaban los detalles.

Personas que han trabajado en inmigración y fronteras se muestran escépticas, por decirlo de manera suave. Recientemente, las deportaciones se han incrementado hasta cerca de 400.000 anuales, así que el aumento en la cantidad para lograr el objetivo de Trump sería exponencial.

“No puedo siquiera empezar a imaginar cómo deportaríamos a 11 millones de personas en unos cuantos años si no tenemos un Estado policial, si la policía no puede derribar tu puerta cuando quiera para aprehenderte sin una orden”, comentó Michael Chertoff, responsable de un incremento significativo en el cumplimiento de la ley sobre inmigración como secretario de Seguridad Nacional durante el gobierno del Presidente George W. Bush.

Los expertos opinan que encontrar a esos inmigrantes sería difícil. Los oficiales de policía de todo el país tendrían que pedir a las personas alguna evidencia de residencia o ciudadanía cuando se detienen en los semáforos y mientras caminan por la calle. La Patrulla Fronteriza tendría que situar puntos de revisión en las autopistas por todo el suroeste y cerca de la frontera canadiense. Para no dejarse llevar por los perfiles raciales, cualquier estadounidense podría esperar que lo detuvieran y le pidieran sus documentos.

Para lograr millones de deportaciones, la atención que ha prestado la Administración de Obama a la deportación de criminales peligrosos pasaría a un segundo plano, comentó Julie Myers Wood, directora de la Oficina de Inmigración y Aduanas, también conocida como ICE, durante el gobierno de Bush. “No importaría si la persona tiene antecedentes criminales”, afirmó.

Las redadas a gran escala, poco comunes con Obama, se reanudarían en granjas, fábricas, restaurantes y lugares en construcción; habría agentes que arrestarían a cientos de trabajadores e indagarían en los registros de las empresas. Los fiscales denunciarían a los empleadores que contratan inmigrantes sin permiso de trabajo.

Trump ha dicho que triplicaría el número de oficiales de deportación de ICE de unos 5000 a 15.000. Sin embargo, incluso si pudiera lograr esto en poco tiempo —algo difícil, dado el examen riguroso y el entrenamiento que se requieren— seguirían siendo insuficientes, según los cálculos de los expertos. El FBI y otras agencias tendrían que dejar de lado algunas de sus misiones para ayudar.

Para evitar fugas después de los arrestos, las autoridades tendrían que retener a la mayoría de los inmigrantes que estén en espera de su deportación. Las instalaciones que existen, con cerca de 34.000 camas, tendrían que ampliarse; quizá se tendría que colocar a unas 10.000 personas en campos de detención.

La mayoría de las deportaciones deben ser aprobadas por jueces. El gobierno federal tendría que abrir docenas de tribunales de emergencia y contratar a cientos de jueces.

Se haga el cálculo como se haga, los costos serían enormes. El Foro de Acción Estadounidense, un grupo de investigación de tendencia conservadora, estimó que el gasto federal sería de al menos 400 mil millones de dólares y eso solo si las deportaciones se extendieran durante 20 años.

Por eso, el principal defecto de las propuestas, en la lógica de algunos exfuncionarios, es que no son realistas.

“A menos que suspendas la constitución y le des instrucciones a la policía de comportarse como si viviéramos en Corea del Norte, no sucederá”, afirmó Chertoff.

El muro: grande, bello y… antipráctico

Trump ha prometido que el muro será grande, bello, alto y fuerte. Con 1600 kilómetros de extensión a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos, detendrá el flujo de inmigrantes que traen drogas y crimen. Y sí, México pagará por el Gran Muro de Trump, como él lo ha llamado.

Sin embargo, se ha visto que el muro provoca divisiones tanto en teoría como en la práctica. Expertos en seguridad nacional, política de inmigración e ingeniería civil opinan que construirlo sería una tarea abrumadora.

Trump afirmó que el muro sería construido de acero y concreto prefabricado y que podría medir 15 metros de alto por lo menos. Después de proponer que se extendiera a lo largo de los 3 mil kilómetros de la frontera sur, luego afirmó que la mitad de esa extensión podría ser suficiente debido a las barreras naturales. Fijó el costo entre 4 y 12 mil millones de dólares, y la última cifra que estableció fue de aproximadamente 10 mil millones de dólares. Algunos creen que esta suma se queda corta.

“Hay mucha logística involucrada aquí y no sé si lo han considerado correctamente”, declaró Todd Sternfeld, director ejecutivo de Superior Concrete, una constructora de muros con sede en Texas. “Tan solo los recursos necesarios serían astronómicos”.

Sternfeld hizo cuentas y explicó que un muro de concreto de 12 metros de alto para el cual se usara un sistema de “poste y panel” que se extendiera tres metros bajo tierra —para reducir la construcción de túneles— costaría al menos 26 mil millones de dólares. La logística sería una pesadilla, ya que incluiría diversos sitios de fundición de concreto y residencias temporales para mil empleados si el trabajo se fuera a terminar en el primer periodo de cuatro años de Trump.

El mantenimiento sería un costo adicional recurrente, afirmó Walter W. Boles, profesor de ingeniería en la Universidad Estatal de Middle Tennessee. Explicó que también se necesitaría una zanja profunda para evitar que un muro tan alto como ese se caiga y que sería prudente usar sensores sísmicos para detectar cualquier excavación y cuidar la integridad debajo del muro. “Es un proyecto de construcción de los mil diablos”, dijo Boles.

Mantener el suministro de agua: un desafío diplomático

¿Y qué pasará con el agua?

Miles de millones de litros de agua fluyen entre Estados Unidos y México y alimentan la vida de granjas y comunidades a los dos lados de la frontera. El río Colorado manda agua al sur y el río Grande, frontera natural de cientos de kilómetros, entrega el agua que tanto necesita gran parte del sur de Texas.

Los expertos en recursos hídricos en el suroeste cuestionan cómo podría ajustarse la frontera de Trump a estos caudales de tanta importancia y al muro que quiere levantar.

Otra complicación es que un tratado firmado hace casi 50 años entre México y Estados Unidos prohíbe cualquier construcción que obstruya o desvíe los cursos de agua.

“Hemos estado bromeando sobre el tamaño del hueco en el muro necesario para dejar que el agua corra a través de él”, contó Patricia Mulroy, socia mayoritaria de Brookings Institution y exfuncionaria del Sistema de Agua en Nevada.

Cuando preguntamos a Hope Hicks, portavoz de Trump, si el muro propuesto podría impedir el flujo del agua, no respondió directamente. “La propuesta habla por sí sola”, aseveró, y añadió que los detalles podían revisarse en el sitio web de Trump. No obstante, la página no trata el tema de las corrientes de agua.

A cualquiera que busque definir cómo construir un muro que corte el flujo de agua a la gente sin violar las obligaciones establecidas en los tratados de aguas del país le espera un escenario complicado de ciencia ambiental y tensiones diplomáticas. Hay varios tratados internacionales que establecen las normas para compartir el agua de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo.

A Estados Unidos y a México les llevó cinco años acordar un tratado de límites fronterizos que les permitiera lidiar con la sequía histórica. Además del acuerdo de 2012, México aceptó compartir parte de su suministro de agua del rio Colorado. La situación salió bien y las autoridades destacan las relaciones delicadas pero amistosas entre ambos países respecto al tema.

“Dependemos de que los mexicanos confíen en nosotros”, afirmó Mulroy. “Es un asunto diplomático muy importante”.

También explicó que con un muro “las oportunidades de otro acuerdo de cooperación serían nulas”.


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